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"So, the life I have made may seem wrong to you. But who ask you anyway? It's my life to ruin, my own wreck..." Or the kind of stuff we said to justify ourselves.

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"Of the life and times of His Royal Divided Persona during His earthly being, and of His return to more banal and simple affairs"

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Radionovela

La grave voz del locutor no pudo maquillar que al salir, ella cerró la puerta de un golpazo.

Seco. Sordo.

Un golpe que era un punto aparte en el cuento que habíamos perdido entre la madrugada y el comienzo de la radionovela. Un golpe que no era tanto a la puerta sino al corazón mismo. Un golpe como de martillo. Para cuando lo entendí, los protagonistas empezaban nuevamente la misma mecánica del castigo, el mismo baile de siempre evitándose de día y buscándose de noche con desesperación de ahogado.

Y es que sólo un hombre puede entender esa desesperación de condenado a la horca.

Me quedé ahí, en cama, sonriendo el rezago perezoso del último polvo entregado con violencia, con rabia asesina y sin respirar. Cuando se fue yo aún podía verla ahí, sentada sobre mí, moviendo sus caderas en círculos, ajustándolas con espasmos mientras, cabeza hacia atrás, arqueaba la espalda y gimoteaba entre manotazos de pelo lo que yo pensé era mi nombre, lo que yo quise pensar era mi último orgasmo con su apellido de soltera.

“… Perro. Sucio Perro…” –Dijo ella con ponzoña en la sonrisa y mi hombría en sus entrañas. De mi boca salió polvo y un gruñido estático que se perdió entre una pesada y dramática orquesta, mientras que él, el protagonista de la radionovela, hacía a su heroína el sum de su ergo.

Y el golpe ahora era un eco en mi pecho, repitiéndose ad infinitum mientras me hacía correr la  sangre más densa e iba perdiendo largo y ancho. Por un rato más me quedé ahí, acostado en el colchón aún húmedo de sexo y pena, tatuándome en las retinas su figura recortada contra la división de la cocina y el silencio lluvioso e inexorable del AM.

“Siempre es igual, enamorarse no nos ha llevado a ninguna parte. Yo te sigo viendo desde aquí, desde arriba, y entonces el chiste se pierde, y tú también te perderás y a mí sólo me quedarán las estrellas. ” – Gritó mientras le bajaba algo de volumen al radio. Siempre desde arriba, astronauta y Deus Ex Machina Ex Profesa y Extraordinaria, revolviéndonos a todos como piezas de mahjong, buscando parejas que armar para luego condenarlas al cajón de sastre de lo cotidiano. Y es que lo cotidiano le causa pavor, pero no la culpo. No la culpo y no voy a detenerla. Se irá como antes se ha ido, y yo fingiré una angustia wagneriana mientras en la radio los personajes de la novela se arrancan el pasado a tiras después de 10 años.

Esta vez tampoco volverá, no hoy al menos, y yo me quedaré nuevamente sin decirle que la quiero con locura, que su soledad me pesa en el alma y que no me creo su vocación de astronauta, porque en el espacio las heridas se abren solas…

Cuando me levanté de la cama, desnudo y arañado, la radionovela terminaba. La dulce heroína suspiraba después de la pregunta que le cambiaría la vida, pero no hubo respuesta. Las voces se despidieron y la pesada música se perdió, mezclándose con la transmisión de las noticias de las 11. En el mesón encontré sus llaves y su bufanda azul celeste. Las llaves las dejaré fuera para cuando quiera regresar. La bufanda me la quedo puesta para soñar con su olor.

Soundtrack: Astrud Gilberto - Manha de Carnaval

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